
¿Realmente queremos que esta industria convierta el mezcal en un negocio sin alma? ¿Dónde el productor no tiene tiempo para celebrar y crear algo para su familia, para compartir y abrazar en los mejores momentos? ¿O queremos, en los próximos 15 a 20 años, seguir bebiendo un buen mezcal con nuestros seres queridos, seguir bebiendo un licor conmovedor, una bebida digna de respeto, por su gente, por sus pueblos y su cultura... ahí está la clave para entender el mezcal?
